jueves, 4 de junio de 2009


Entre 1870 y 1871, Prusia y sus aliados germanos asestaron una severa derrota a Francia que cambió profundamente el equilibrio de poder en Europa, echó por tierra la reputación militar del Segundo Imperio de Napoleón III, situó a la recién creada Alemania en el primer plano continental y marcó el comienzo de la carrera hacia la Primera Guerra Mundial.Entre 1870 y 1871, Prusia y sus aliados germanos asestaron una severa derrota a Francia que cambió profundamente el equilibrio de poder en Europa, echó por tierra la reputación militar del Segundo Imperio de Napoleón III, situó a la recién creada Alemania en el primer plano continental y marcó el comienzo de la carrera hacia la Primera Guerra Mundial.
En efecto, la fuerza militar de la Francia de Napoleón III era como un gigante con los pies de barro. El método de reclutamiento, basado en la instrucción selectiva de soldados a largo plazo, se había demostrado efectivo para las expediciones ultramarinas, pero resultaba incapaz de crear un cuerpo nacional de reclutas capaces de luchar en una guerra de mayor envergadura. Por el contrario, Prusia ya había puesto en marcha un sistema de servicio militar obligatorio de corto plazo, y había demostrado su sobrada efectividad durante la guerra con Austria en 1866. Esto, unido a la poca receptividad de Napoleón para introducir reformas profundas en la estructura militar y a la superioridad técnica germana, inclinó la balanza de un eventual conflicto hacia el lado prusiano incluso antes de producirse el enfrentamiento.
Francia veía cómo su estatus de potencia se tambaleaba en numerosos frentes, y necesitaba consolidar sus posiciones en Europa ante la amenaza prusiana. Su intención era ocupar Luxemburgo, aunque contaba con pocos apoyos. Prusia, liderada por Bismarck, vio en una guerra con Francia la posibilidad de completar la unificación de todos los territorios alemanes, anexionándose las regiones de habla germana –y ricas en carbón- de Alsacia y Lorena.
El estado de tensión desembocó en guerra declarada por un asunto diplomático. El general español Juan Prim visitó al príncipe Carlos Antonio de Hohenzollern-Sigmaringen, con el objeto de que su hijo Leopoldo aceptase el trono de España. Bismarck intervino para forzar una aceptación, lo que provocó la ira en Francia, que empezó a presionar para que se retirara el nombramiento. Los franceses llegaron a exigir a Guillermo I –emperador de Prusia- que prometiera que jamás apoyaría dicha candidatura, lo que provocó que Bismarck intercediera para declarar la guerra a Francia.
Los primeros combates tuvieron lugar en Saarbrücken, el 2 de Agosto. Los franceses comenzaron con buen pie y lograron ocupar el Sarre, aunque sólo dos días después hubieron de comenzar su retroceso desde Wissemboug. El día 6, el tercer ejército prusiano derrota a los franceses en Froeschwiller-Woerth, y el 12, en la batalla de Mars-la-Tour –en Mosela- los franceses se ven obligados a replegarse hasta Châlons. El asedio prusiano continúa el día 18 en la batalla de Saint-Privat-la-Montagne, que deja a las tropas franceses acantonadas en Metz sin ninguna posibilidad de salir. El 25 de Agosto, el ejército del francés Mac-Mahon se la juega lanzando un ataque desesperado con 140.000 soldados, pero es derrotado de nuevo y se ha retirar a Sedan. El 31, dos ejércitos prusianos asedian y encierran a las fuerzas de Mac-Mahon, que cae herido y es relevado por el general de Wimpffen. Finalmente, recluídas sus tropas en Sedan, los alemanes le asestan la derrotan final el 1 de Septiembre, en la batalla que tomó el nombre de la ciudad. Al día siguiente Napoleón III era hecho prisionero y de Wimpffen ordenaba la rendición de Francia.
Aunque la lucha no terminó ahí, sino que, habiéndose formado la Tercera República en sustitución del Segundo Imperio, en París se formó una resistencia que logró mantener fuera a los alemanes durante varias semanas más, la guerra estaba perdida y Bismarck sólo hubo de presionar la capital para lograr que los franceses aceptasen los términos de paz que deseaba. La paz fue bastante dura para Francia: perdió Alsacia y Lorena y hubo de hacer frente a unos altísimos pagos como compensaciones de guerra.
El distanciamiento entre los dos grandes polos de la Europa continental, Francia y Alemania, marcó la historia de Europa desde entonces hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Francia no olvidó sus provincias perdidas, y la proclamación en Versalles del Imperio Alemán supuso el inicio de una época de competencia militar y tensión política que conduciría directamente a la Primera Guerra Mundial.

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